Los 3 Perfiles de Personas que podemos detestar

Detestar, molestar, incordiar, rayar….cualquier verbo es válido cuando la gente lo único que trata es de entorpecer tu camino y poner un simple obstáculo en la vida. En ocasiones, hay que reconocerlo, somos muy exagerados y sobredimensionamos el problema o las actitudes de la gente que nos molesta.

Otras veces, la gente cuando molesta o se comporta de una forma que más bien se parece al Hombre de Neardental, son capaces de sacarte de tus casillas. Por eso, en este post vamos a analizar, sin pelos en la lengua, esos momentazos que nos deleitan algunos personajes cuando vamos tan tranquilos por la calle o la vida misma.

La Gente que se acerca demasiado: “vital space invaders”

Existen individuos que no les han enseñado lo que es respetar el espacio vital y por ello son los típicos plastas que se te acercan demasiado al hablar o a explicarte algunas cosas. De hecho, las mujeres, si sin hombres, los tienen catalogados como sobones porque prácticamente te hablan pegado al cuello, a la boca y miran de una forma un poco obsesa.

El espacio vital es el espacio que dejan las personas que se están comunicando cuando lo hacen con el lenguaje tradicional, o sea, hablando. Si tú hablas con otra persona, te acercas hasta un mínimo de distancia. Eso, al menos pasa en la cultura occidental, ya que en otras culturas africanas, la gente es capaz de hablar sentados en un autobús en diferentes asientos y gritarse para comunicarse (no hay má remedio si están alejados).

susurro en la oreja

Con esto no me refiero a que todos se griten, ni tampoco que los occidentales o los orientales tampoco lo hagan, pero generalmente, no es costumbre gritarse o tener una conversación con una entonación super-elevada. Por eso, si la cultura es así, hay que respetarlo.

Lo que no vamos a respetar, es la gente que se acerca demasiado e invade tu privacidad, puesto que tu espacio vital forma parte de un entorno privado “virtual”. Luego, están los secretos, los chismes o cuando tienes que decir algo en voz baja. Entonces, eso se considera aceptable siempre y cuando la persona sea de confianza.

Los “vital space invaders” también se pueden diferenciar en varios aspectos:

  • Los que te miran fijamente cuando te hablan: la mirada psicópata puede dar bastante miedo y  la persona receptora, además de que ya le han invadido el espacio, le causa un poco de respeto y miedo.
  • Los que sudan mientras te hablan: no hay peor cosa que ese olor rancio que te llega cuando una persona que se te acerca demasiado, encima huele. A veces, es el olor corporal, otras veces el sudor por la calor y la gran mayoría retiene la respiración cuando el culpable de todo es el temido aliento, que echa a cualquiera para atrás.
  • Los que te tocan: los hay que además de invadir tu espacio vital, también te van tocando, por ejemplo, con una palmadita. Esta gente tiene un problema anterior, es como si antes nadie les escuchaba y cuando encuentran a alguien que les facilita un canal directo de comunicación, pues lo quieren mantener dándote toques de atención. Unas veces es la espalda, otras en la zona del pecho y el peor de los casos es el tipo de gente que te agarra de la barbilla y te la gira para contarte algo.

La cajera con cara de mala ostia, pero ¿qué pasa?

Primero de todo, vamos a respetar el oficio de cajera, puesto que sin ellas, esas automatizaciones que tanto ayudan y que acaban fallando, no se solventarían sin la ayuda de una cajera o eso pienso, y además, son los únicos que gestionan la lista de nuestra compra y le asignan el precio.

También hay cajeros, o sea, chicos despachando pero esta ocasión va para las mujeres. No sé que pasa, pero existe un cierto arquetipo o perfil de profesional de la caja de supermercado, hipermercado o grandes superfícies, que siempre tiene cara de mala ostia.

Vamos, que de atención al cliente, nula. Responde escuetamente, y parece que todo le molesta. Sí, lo sé…..hay que entender que la atención al público es muy sufrida y que por mucho que se solidaricen los demás, solamente lo saben los que han trabajado o trabajan directamente y cara a cara con la gente de calle. No vale decir que trabajan por teléfono o con clientes. No. Cuando digo gente de la calle, digo gente de la calle.

Esta gente puede sacarte de quicio y de tus casillas, y además, sentenciarte la jornada laboral. No digamos si estás acompañado de un jefe cabr*n o un grupito de gente falsa e hipócrita.

Pero todos lo sufrimos. Y si crees que el trabajo en la caja es sufrido, pues pregunta en otros oficios que te atienden siempre con una sonrisa.  Si yo pongo una sonrisa en mi trabajo, ponla tú también o almenos respeta al cliente si se está portando bien.

Las caras largas sólo sirven para amargarte más, señora cajera. Por último, decir que parte de la culpa la puede tener Hollywood y sus películas ya que casi siempre ponen de mala leche la actitud de la cajera.

El que tiene prisa en el coche: Los Michael Knight

Este perfil es muy peligroso, y máximo responsable de accidentes de tráfico. Así que, señores de las autoridades, no le den más vueltas, que además del alcohol y las drogas, estos son los elementos que hay que parar y sacarles del coche para que se vayan a su casa andando.

gente detestable y estupida

La situación es la siguiente: en la carretera o autopista existe un cartel de máxima velocidad. El 90% de los autos respetan más o menos esa velocidad. Todos ocupan sus correspondientes carriles. Pero en la lejanía, a unos 500 metros o 1km de distancia, aparece el tiburón.

Una persona que parece que su mujer siempre está de parto y necesita ir al hospital urgentemente (háztelo mirar, que lo mismo con tanto hijo…..me da que te crecieron cuernos) y en vez de sacar un pañuelo de auxilio, lo que pone son las luces largas del coche de forma constante o sino en formato flash, o sea, como si se tratase de una discoteca y las enciende y las apaga continuamente.

La práctica es que no va a frenar por nada del mundo y que si alguien se le pone por delante, va a sentenciarlo y presionarlo hasta que se quite del medio. Esto ocasiona tensión en los conductores. Los hay que pueden asustarse o girar demasiado deprisa, y los hay, que están esperando las luces largas para empezar a picarse o retarse, por lo que es normal acabar viendo a dos borregos a todo trapo con el coche.

A veces, tienen suerte. A veces, eran buenos chavales según su familia cuando los están enterrando.  La vida, no le des más vueltas, es así de clara y directa.